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Doce inconvenientes o desventajas de tener un gato.

problemas nos puede traer la convivencia con un gato. Son éstas:

1. Los gatos arañan y muerden: En efecto, sobre todo cuando son pequeños, muchos gatos son mordedores y arañadores por naturaleza. Por suerte, este comportamiento suele pasárseles, aunque también depende de la educación que se les dé y de la raza y carácter del animal. Por lo tanto, no todos los gatos arañan y muerden, pero haberlos, haylos, como las meigas. Por supuesto, ello al margen de la necesidad de todo gato de utilizar un rascador o, en su defecto, sofás y demás mobiliario.

2. Los pelos de gato inundarán tu casa: Es una exageración, aunque a muchos dueños de gato no les parecerá tal. Depende de la raza, de la época del año, de su salud, alimentación, y de cuánto los cepillemos, pero la muda de pelo constante está en la naturaleza del gato. No hablamos de los gatos egipcios, los únicos que libran nuestra ropa y mobiliario de pelambreras ; )

3. Alimentación costosa: Cuidar su alimentación pasa por gastar dinero, es decir, elegir un alimento de calidad, ya sea comercial o casero, pero siempre nutricionalmente balanceado. Por otra parte, alimentarlo con comida casera supone conocer sus necesidades alimenticias y elaborar recetas adecuadas, lo que supone un aprendizaje, sin olvidar la necesaria higiene bucal (cepillado de dientes)  en caso de darle siempre comida húmeda. La parte positiva de esto es que cumplir estos mínimos previene futuros problemas de salud, domésticos (caída de pelo, limpieza del arenero) e incluso de comportamiento. Otro inconveniente: el mismo hecho de tener que comprar el pienso, las latas, los ingredientes en caso de cocinarle la manduca…

4. Renovar el arenero y limpiar más la casa: Innegablemente, una casa con gato o gatos es una casa que se ensucia más, y ha de limpiarse más. La cuestión del arenero es una ventaja envenenada, porque por un lado el gato es un animal limpio, y acude al arenero, algo que está muy bien.  Y tampoco hay que sacar a pasear al gatito para que haga sus necesidades en la calle, a diferencia de los perros, pero no pude negarse que supone un trabajito que esclaviza lo suyo (comprar pesados sacos  de piedras y limpieza del arenero). De todos modos, siempre existen maneras de hacerlo más leve con las nuevas literas de fórmulas novedosas o con inventos como los areneros que se lavan solos, tipo el de Cat Genie. Todo esto, por supuesto, supone más desembolso de dinero, eso sí, a cambio de una vida más cómoda.

5. Medidas de seguridad: Si bien es cierto que el gato se sabe cuidar solo, hay excepciones que pueden acabar con su vida. En una casa hay peligros que tenemos que evitar, como que puedan tragarse objetos, morder cables de la luz o las alturas (ventanas cerradas o con tela de mosquitera, balcones cerrados o tapados con redes, no dejarlos salir de casa…) etc. También en este caso todo depende de la edad, carácter y raza del gato, pero aun así, un gato siempre es un animal curioso y puede pasar cualquier cosa. Ello supone renuncias, gasto y atención.

6. Atención médica necesaria: Vacunas, chequeo anual como mínimo, esterilización y, en casos de accidente o enfermedad, continuas visitas al veterinario son obligatorias. Su salud es un gasto que hemos de prever, amén del tiempo que se pierde en las salas de espera, y de los nervios y sufrimiento cuando el animal padece alguna dolencia.

7. Alergias y dermatitis: Una vez el gato en casa, algún miembro de la familia puede tener alergia (problemas respiratorios, dermatitis, eccemas) a la proteína que se encuentra en la saliva del gato, y que llega a nosotros a través de su pelo. Lo lógico es hacerse pruebas toda la familia antes de adquirir al animal. Y, por supuesto, nunca abandonarlo, no sería justo para él y nosotros actuaríamos de forma irresponsable. Una solución es elegir la raza egipcia, que carece de pelo. También existen vacunas que inmunizan contra la alergia a un gato concreto, pero son costosas.

8. Entrenamiento difícil: En contra de lo que la gente cree, los gatos pueden entrenarse y, por lo tanto, educarse, aunque no se adiestran al estilo canino. Sin embargo, hay que estar preparado para los problemas, tipo micciones fuera de lugar, sofás arañados… En descargo de los felinos domésticos hay que decir que algunos problemas de comportamiento dependen de la actitud del dueño. Es decir, un dueño que no renueva la bandeja a menudo o que no trata al gato como es debido, puede provocar una reacción negativa en el animal.

9. Problemas de comportamiento: Cada gato es un mundo, esto es algo que saben muy bien los dueños de familias felinas numerosas. Por lo tanto, no podemos esperar el mismo comportamiento en todos ellos. Antes de adquirir un gato, ya sea comprado o adoptado, podemos comprobar la docilidad, manipulabilidad del animal, su carácter, etc. pero ello no garantiza que siempre sea así. Hay enfermedades y circunstancias que pueden modificar la conducta, también hemos de tenerlo en cuenta y saber reaccionar adecuadamente para ayudarles a volver a la normalidad.

10. Cuidados: Aunque el gato es fácil de cuidar, siempre requiere una serie de atenciones. Además del cambio de piedras, necesita desparasitación interna y externa regular, caricias, juegos, rascadores, camas, transportín, cepillado, solecito y, en suma, sentirse querido y considerado. Porque aunque independientes, los gatos son leales y sienten un gran apego por sus dueños. Este punto tiene aspectos que pueden suponer una delicia, como el hecho de acariciarle, pero en general será de difícil cumplimiento para quienes llevan una vida ajetreada, y pasan poco por casa.

11. Largas ausencias: Las largas vacaciones exigen llevar al animal o dejarlo en casa al cuidado de alguien que se pase para atenderlo.Eso sí, con comida, agua y un arenero en condiciones, un gato puede quedarse solo en casa unos cuantos días, sin mayor problema. Excepciones son gatos que tienen ansiedad de separación, y tras periodos de fuerte apego acusan las ausencias con estrés y deposiciones fuera de la bandeja.

12. Muerte: Sobrevivir a un gato es lo más frecuente, pues siendo longevos (pueden alcanzar y superar los 20 años), lo cierto es que suelen decirle adiós a la vida ante nuestros ojos. El momento de la despedida, ya sea traumática por accidente o tras una larga enfermedad, supone un sufrimiento indecible para quienes lo amaron. 

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